Lugar de Olivos

Prefacio
Raudos los años pasaron y junto a ello, los días de mi infancia, en busca de un destino de mi hogar marche, un adiós a mis idolatrados adobes, que entristecido me sentía que al partir intuía, que jamás volvería. Y que presurosa la adolescencia a mi llego, y que lisonjera ella me fue, ofreciéndome todo un manojo de deleitosas fantasías, que de excitantes ardores mis lozanos sentidos agitó
Y que fascinado yo me sentí, cuan alborozado mis abriles contemple, que, adulona y con encanto, dijo me la traviesa adolescencia… cógela Eduardo y con ardor, disfruta tus venideros tiempos, aunque el frívolo antojo de coger sus frutos y evadir sus consecuencias de mi se apodero, no me olvide de mis viejos adobes

Remembranzas
Ibase el día tras un gris horizonte y una tristona tarde, correr tras los extenuados fulgores del Sol, cuando luego de alejarme de aquel viejo solar, el que, dándole cálido cobijo a mis infantiles días, fue testigo fiel de mis penas y alegrías, entremezclado a una caprichosa amalgama de gentíos, remolones unos, diligentes otros, iban y venían por las cuasi oscuras calles y plazas tacneñas
Y yo que por entre ese gentío, buscando trasporte andaba, también afanoso sus travesías recorría, más luego de no mucho recorrer, vehículo encontré y junto a sus bulliciosos pasajeros, hacia la frontera de viaje me fui

Os digo… luego de salvar las cuasi solitarias y mortecinas vías tacneñas, unos pequeños asentamientos agrícolas, llegar y pasar la avanzada de Hospicio, control fronterizo peruano, luego recorrer un reseco y polvoriento desierto, finalmente llegue a la avanzada de Chacalluta, control fronterizo chileno, donde mi viejo y remolón carrito, atracado y desvalijado quedo
Pues y que atiborrado de expectantes mercantiles estaba, quienes con prolijo afán habían camuflado por entre sus asientos, todo un amasijo de disparejas mercancías que comerciaban entre las ciudades de Tacna y Arica.

Mujeres máxime, duramente llamadas pacotilleras, quienes, apremiadas por la necesidad de llevar el diario alimento a sus hijos, ejercían esta ingrata modalidad de trabajo, afligida labor que jamás a nadie… arranco de las garras de la infausta miseria, que sobre sus humildes hogares se abatía. Y por ello, siempre que cruzaba la frontera, repleto de disparejas mercancías del vehículo me apeaba, más los funcionarios, más divertidos que afanosos me decían… A ver a ver ¿Qué te dieron hoy para ayudar?, aunque ello iba contra las reglas del comercio, la pobreza… ¡Obliga!, también comprensivo me decía, como tantos otros que, por allí, cavilosos acotan, la necesidad… ¡Tiene cara de perro!
Me placía las gracias de los mercantes, pues recordaba que mi madre también ejerció esa ingrata labor, mientras la ejerció, tiempos difíciles nos fueron, tiempos en que la pobreza exhibiendo su rostro más fiero, se ensaño con nuestro hogar

Y como todo lo que empieza acaba, luego de una tremenda batahola en el control de Chacalluta, junto a una amalgama de enmarañados viajeros, alegres unos porque bien les fue, demacrados y quejumbrosos otros porque mal les fue, raudo y bullicioso mi viejo carrito, enrumbo hacia la ciudad de Arica

Luego de arribar a la ciudad y puerto de Arica, llamada también la Ciudad de la Eterna Primavera, por su clima y su cielo siempre azul, conforme nuestro carrito por la vía pública los iba regando, y por sus desiertas calles silenciosos unos, retozones otros se iban dispersando. Por sus travesías también yo me encamine, pues a un fructífero destino me urgía llegar, si por aquellos días laboraba en el valle de Azapa, valle que, desde los suburbios de la ciudad, hasta los primeros altozanos de la Cordillera de los Andes, apacible se va extendiendo, angosto valle de exuberantes y añosos olivos, que por entre resecos cerros enclavado, cual un bello Oasis, prospera en verdor y frutos

Y como precisaba un vehículo, que a mi distante destino me lleve, raudo al lugar indicado fui, más una vez allí arribado, esperando y esperando estuve, y este, no se aparecía, y que solitario aquella noche yo me veía, que, con sesudo yo me dije… si por su derrotero me encamino, por su derrotero lo abordare
Y su rumbo recorrí y mi carrito no se asomó, aunque fastidiado yo me dije… en vano lo espero, si fuera de su horario estoy, animoso también acote… aunque extenso me sea el camino, sin cansancio ni decaimiento alguno, a feliz destino mis juveniles tiempos me llevaran. Y así y a triviales pensamientos abrazado, tranquilizo y sin prisa, las solitarias y alumbradas vías de la ciudad de Arica, atrás las fui dejando, pero cuando Salí de la ciudad y por su campiña anduve, molesto me dije… ¿Pero?, ¡Que noche tan negra!

 

Es mi testimonio
1.- de cierto… ya distante de la ciudad de Arica y su alumbrada quietud, por una asfaltada y solitaria vía, bordeada de añosos olivos, con tardo paso andaba, ni viandante, ni perro que me ladre, finadito en pena o un malhechor de los caminos, aquella vez se cruzó por mi camino, todo era soledad a mi alrededor
Mientras que solitario y a triviales pensamientos entregado, la calzada recorría, prendidos a unos en cementados postes, gratos a unos farolitos amigos veía, iluminando tanto mi camino, como a las casas granja que, a la vera del camino, se iban sucediendo

 

2.-más conforme hacia mi distante destino mi andar proseguía, surgió el primer recodo o curva, y este, sin alumbrado y sin cultivos viese estar, solo así pude apreciar cuan oscura era la noche, tanto que, al extender mis manos, mis manos verlas no podía
Mas era joven y una solitaria y entenebrecida noche, no me iba a desalentar, pues viendo a mi izquierda y a la distancia, la luz de rumbo de alguna granja y a mi derecha solo tinieblas, mi solitario andar proseguí, más luego de recorrer un recto trecho, surgió un segundo recodo o curva, salvándolo igual

Era joven, tal vez de 19 años o más de edad, y por ello, sin prisa ni fatiga, sin que nada perturbe mis juveniles tiempos, mi andar proseguía, si brote y me crie en el campo, y por ello, desde niño estaba acostumbrado a la oscuridad, a su oculto y urdidor silencio, como también a saber caminar por oscuras vías y desolados parajes, nada en esos instantes me era nuevo, todo me era viejo conocido
Mas la noche era tan oscura que, para no salirme del camino, con el pie izquierdo iba rosando el asfalto, y con el derecho, la arenosa berma, y así, sintiendo el ruido de mis propios pasos, por entre las calladas tinieblas mi andar proseguía

3.- en esos instantes

Y de súbito
Un atroz sobrecogimiento me asalto, y este, como si fuese una fulminante descarga eléctrica, desde el suelo trepo y con aterrador furor, se desplazó a través de todo mi cuerpo
Y esta
Como si fuese una onda u ola eléctrica, desde el suelo trepaba y con espeluznante furor, llegaba y se instalaba en mi mollera, una y otra vez, tanto como me estremecía, como una desesperante angustia me comenzó a oprimir el corazón

Y no obstante me empezaron a zumbar los oídos, y a mi faz acometer, una ardiente soflama, aun sin nada ver o intuir, la templanza, la fortaleza de espíritu me asistió y bajo su imperio, rosando la arenosa berma y el duro asfalto, con estoicismo, con sereno paso mi solitario andar proseguí
Ese instante
Mientras con paso sereno y firme, sin pronunciar silaba alguna y sin dejarme avasallar por el miedo, ni el horripilo sacudimiento, etéreamente recordé la noche aquella en que Salí a recoger agua de unos depósitos, aunque esta vez en un solitario camino, volvía a experimentar la misma sensación, como no sabía, ni intuía a que se debía, no lo considere y luego lo olvide

 

4.- aunque nada veía ni oía, pues todo era silencio y tinieblas a mí alrededor, era joven y a ello conforme, entreviendo el bruno contexto, sin denotar miedo, siempre viendo mi lado derecho y sin apuro, después de recorrer una distancia de aprox., tres metros o más, la horroriza sensación, huyo de mí, se fue, nada quedo

 

5.- entonces me detengo y por unos instantes, confuso e indeciso, contemplo la distancia recorrida, preguntándome… ¿Qué es lo que allí esta y no puedo ver?, mas, aunque aguzaba los sentidos tratando de captar algo, nada veía ni oía
Luego de mucho meditar y sin sentir miedo, un vehemente deseo de saber, de buscar lo evidente, con esplendor broto y próspero en mí, que resuelto me dije… Quiero saber qué es lo que allí esta ¿Qué es?, lo que en el camino esta

 

6.- y de inmediato
Resuelto y pleno de juvenil ardor, osado y con paso firme, retorno, vuelvo para recorrer el trayecto ya recorrido, más solo avance… metro y medio o dos

Y al instante
Volví a experimentar el atroz sobrecogimiento
Evidenciándose como una horripila onda u ola, que del suelo subía y como rodando, con atroz furor recorría mi cuerpo, una y otra vez, volviendo a sentir erizárseme los cabellos, incendiárseme la faz, flaquear mis piernas y una impetuosa angustia volvía a oprimirme el corazón

Siempre viendo hacía donde intuía que lo oculto estaba, lo que yo no podía ver, pero si sentir, sereno y con paso firme, retrocedí la distancia avanzada y al instante, la atroz sensación volvió a huir a salir de mí, solo la intuición de que allí, Él estaba, y la indecisión de no saber ¿Por qué?, persistió en mí, unos instantes

 

7.-seguidamente
Mientras que aquieto y en silencio, entreveía la negra noche y la vía ya recorrida, aunque volví a recordar la vez en que Salí a recoger agua, sin ver ni oír nada, experimenté la misma y horrida sensación, esta vez tuve la certeza que El, era el mismo, que, en aquella noche de tinieblas, estaba en el patio de mi viejo solar de adobes
De cierto
Y como nada veía ni oía, no sentía miedo alguno, luego de avizorar con exhaustivo fisgo el silencioso y entenebrecido horizonte, y ver oscuras siluetas, que en verdad solo eran arbustos que por la pampa florecían, la sabia prudencia volvió a asistirme, conforme a ello decidí… olvidarme de todo, luego, reemprendí mi solitario andar… el fin

 

 Comentarios
Os digo… cuando iba a reemprender mi camino, avizore las luces de un vehículo que desde la parte alta del valle se aproximaba, no obstante, quise advertirle pensando en lo peor, pálido me limite a observarlo, pues a gran velocidad se aproximaba

Mas cuando el vehiculó paso, por donde yo pase, en silencio y con grande asombro vi su normal recorrido, ni un leve movimiento advertí, nada que denotara, que me diera a saber que lo yo experimente, el conductor del vehículo también lo experimento

De cierto
Aquieto y confuso, me pregunte ¿Por qué?, el chofer del vehículo, no percibió lo mismo que yo ¿Por qué?, yo podía ver y sentir, lo que otros no podían ¿Qué es lo que a mí?, me hacía diferente

Lo evidente
Quien en el camino estaba, era el mismo, quien haciéndose evidente, lo intuí cuando tendría la edad de 9 años (Gracia), luego a los 12 años (Infaustas tinieblas), y por último a los 19 años o más (Lugar de olivos), en un oscuro y solitario camino, es también el mismo quien según la Biblia (N. T), haciéndose evidente, tres veces tentó a Jesús de Nazaret en el desierto, cuando tenía la edad de 30 años

Y ¿Qué?, era lo que Lucifer, haciéndoseme evidente… quería a mí, decirme, cuando aún tenía 9 años de edad, y no sabía ¿Por qué?, esas cosas yo intuía, veía y oía, de cierto os digo… mientras la tierra anide, nunca lo sabré

 

Concluyo
Cuando yo era un niño y por oscuras y solitarias vías, tenía que pasar, solo me consagraba a lo necesario, a ser precavido, cauto y así evitar potenciales, salteadores de caminos y feroces canes, pero nunca a lo sobrenatural o espiritual
Y no obstante mi prosapia es católica, como también yo lo soy, nunca he vivido rodeado de religiosidad, ni escuche, ni escuchare y menos admitiere, el vocinglero y perturbado verbo de predicadores y fanáticos, quienes fantaseando apocalípticas fantasías les inculcan a sus ingenuos feligreses, aterradores demonios

Y no obstante mi carne es débil y por ello, vulnerable a la urdidora naturaleza del avieso hombre, mi naturaleza espiritual es diamantina fortaleza, me da osado brío y estoicismo para sobrellevar con dignidad y lucidez, la presencia de los Seres espirituales, que por entre las calladas tinieblas se hacen evidentes
Yo nunca he visto, ni intuido un fantasma, aunque otros por allí, lo anden pregonando que los vieron o sintieron, ni me he dejado, ni me dejare influenciar por ese tipo de macabras fantasías, como la serpiente antigua o aterradores apocalipsis, pues no soy un bobo como tantos otros por allí, quienes con grande contento, se dejan engatusar por uno que otro avivato, auto proclamado profeta

Hombre aviva el seso
Quien con exaltado verbo te diga que… sintió una vez la Presencia de Dios, aquel mismo debió decirte que… tres veces sintió la presencia del Ser, que por entre las calladas tinieblas se evidencia, como se evidencio a Jesús de Nazaret, pues de cierto, Él sabe a quién Dios el Altísimo, lo hizo depositario de su confianza… Eduardo