Infaustas tinieblas
Prefacio
Conviene que abandones todo temor, toda heredada fantasía, conviene que le des paso franco a una dura realidad, que conozcas una raza que en ignota creación anida, que sepas el infausto final de quienes, ayer inicuos sobre la tierra, y hoy, por entre las eternas tinieblas, sus yerros lamentan
Os diré… yo soy Eduardo hijo de Zunilda, por ello a nadie le debe importar mi vida, solo lo que, por mandato de Dios, he sobrellevado, desde el alba de mis días
Rememoro
Recuerdo que fue tiempo de colegio, y yo asistía a uno de ellos, mas no recuerdo, mi me importa, ni quiero recordar a que colegio asistía, ya que en tantos estuve, como de los mismos me botaron. De cierto… mi vida y mis horas, nunca anduvieron por entre esas cuatro paredes, y quienes por aquellos anodinos claustros transitaron, en verdad para mí nunca existieron, ya que ellos todos, creyéndose dignos de todo, yo les fui, solo digno para su mala fe, su aviesa y torpe ignominia
No tenía amigos, nunca los tuve, convencido de ello, no me importo, en verdad no quise tenerlos, la soledad y su silencio eran mis fieles amigos, en ellos me refugiaba, en ellos encontraba sosiego. En la paz de mi hogar, en sus viejos adobes, en la soledad de caminos y callejones, en los días de esplendoroso y ardiente Sol, en mis noches de soledad y penumbra. Y así y como liado a su luz y su penumbra, un bello o infausto mundo, con furor o placidez emergía, y junto a sus Seres, compartía mi vida, mis penas y alegrías
Mi hogar donde transcurrieron mis tempranos días, era una vieja casa de adobes, ubicada en la zona rural tacneña, cerca de su patio ulterior, corría una acequia de regadío, por cuya vera y por la floresta cubierto, tenía mis depósitos de agua, que lo lavaba y cambiaba de agua, cada miércoles sea de día o de noche, si por allí, nadie tenía agua potable, ni había electricidad, ni alumbrado publico
Aunque vivía junto a mi familia, mi madre por su trabajo de casa se ausentaba, como también mis hermanos, para que yo no esté solo en sus ausencias, mi madre les facilitara a otras personas o labradores de la comarca, algunos ambientes de nuestra casa.
Y como ellos laboraban en distantes lugares, a veces se ausentaban por meses o semanas de casa, entonces mi única compañía era un pequeño perrito, al que llamaba sandor
Es mi testimonio
1.- una tarde, siendo aprox., las 6.30 Pm, ignorando que tenía una cita e impacientes me estaban esperando, Salí de la ciudad de Tacna y hacia mi hogar, hacia la zona rural tacneña, me encaminé
Después de llegar a mi huerto, salir hacia un baldío y desde allí, aunque sin novedad vi la oscura silueta de mi hogar y el ruinoso muro que cercaba su patio trasero, conforme me iba aproximando, sobre el vértice del techo de mojinete y a contra oscuridad, extrañado un inusitado y negro perfil ver pude
Una tétrica efigie
2.- en tanto me inquiría ¿Qué cosa es eso? ¿Qué cosa esta sobre el techo?, con paso lento atravesé el patio trasero, hasta que ya más cercano avizorarlo bien pude, entonces aliviado me dije… es un carroñero, ¡Un pájaro de mal agüero!
Y que tétrico aspecto a contra oscuridad, exhibía la negra ave, pues erguido y con las alas totalmente extendidas, estirado el pescuezo, la cabeza y el pico había abajo, daba la macabra impresión de que me aguaitaba o alguien o algo lo había asustado
3.- la noche era muy oscura
Y que tétrico aspecto a contra oscuridad, ofrecía el viejo carroñero, que pareciéndome la imagen viviente una horrida pesadilla, medroso me dije… ¡Esta en oración!, alguien ha muerto o va a morir
Una vez así dicho… tal recelo me asalto que, con las mejillas encendidas, presto se me dio por saltar, agitar los brazos y haciendo grande bullicio, ahuyentarlo quise, más la negra ave no se perturbaba, no se movía, exasperado entonces piedras busqué y por entre lo oscuro, solo fragmentos de adobe encontré y aventándole, ahuyentarlo quise
4.- más en tanto, fragmentos de adobe iracundo le arrojaba, a gran voz también le iba diciendo… ¡Fuera de aquí!, vete de mi casa ¡Pájaro de mal agüero!, más impactarle con dureza no lograba, ya que, para mí, el vértice del mojinete muy alto perecía, y por ello los cascotes más grandes no llegaban al vértice y los más chicos, no lo inquietaban, el negro carroñero no se intimidaba, no se movía
A contra oscuridad y sobre el vértice del mojinete, dantesco se perfilaba el negro carroñero, de cierto exhibiéndose cual sombría efigie, inspiraba asombro y miedo, y que afligido me sentí, y que presto, funestos augurios me saltaron y estos, subyugando mi infantil imaginación, en sepulcrales frenesíes me sumió, la soledad y su silencio ceñía mi viejo solar, y en lo alto cual fúnebre mortaja, una densa cerrazón lo cubría todo, y cuan pérfido en su cometido era, que la luz de ninguna estrella, el paso consentía
Aquieto y entreviendo la tétrica efigie, hacia atrás, hacia la floresta que a la vera del rio de regadío prosperaba, hacia atrás el mirar volví, más tal era la oscuridad que, solo un denso y negro trazo alcance a entrever, y que grande indecisión me asalto, que intuí que en el desamparo estaba
5.-entonces… retrocedí y desde el derruido muro que cercaba el patio ulterior, largo rato y sin entender, la lúgubre efigie contemplé, más de súbito, una alentadora idea a mis lánguidos pensamientos ascendió, que, con alegre ánimo, pensé… es una broma
Y de inmediato
Aunque divertido, exclamé… ¡Es una sorpresita!, oteando la tétrica figura, muy bajito me dije… Pero que bobo soy, no está vivo, claro no puede estarlo, solo es un pájaro disecado y colocado, sobre el vértice del mojinete, a la postre… animoso acote
Y no obstante una refrescante sensación de alivio me abrazo, el saberme que no estaba solo, también reñidas opiniones me asaltaron, y estas al arraigarse en mí, repulsión me hicieron sentir, el saberme víctima de tan grotesca broma
6.- en otros ambientes del viejo solar, otras familias solían pernoctar, aunque por aquellos días creo que nadie estaba, aun así, reflexioné y me dije… Ellos no me harían esa clase de bromas, ni consentirían que otros me lo hiciesen
Entonces una infeliz idea, un negro presentimiento, raudo afloro y hacia mi afligida mollera con furor trepo, que con grande enfado… ¡Zumbones!, exclame, seguido, pensé y con irrito, masculle… sabiendo que estoy solo, se dijeron… ¡Vamos a fastidiar!, al chico bobo del pueblo
Asolapados, taimados ellos los ¡Zumbones!, por sus añosos acicateados, con la boca abierta y su cara de contento, siempre al asecho de feos e ingenuos, doquier entusiastas van y vienen, haciéndoles la vida miserable, y yo que feo e ingenuo era, su preferente victima también era
Que, desde el derruido muro, exasperado les gritaba… ¡Sea quien sea!, el que este en mi casa, salga rápido ¡Salga ya!, más a mi clamor, nadie respuesta dio, todo a mi alrededor era oscuridad y silencio
7.-y como no podía ingresar a mi casa, teniendo sobre el filo vértice del mojinete, a tan espectral y negra efigie, que de súbito una exaltada sensación de furor, presto aplaco todo el agobiante recelo, que la sombría efigie me inspiraba
Qué pleno de bríos, yo me dije… Tengo que derribarlo o subir al techo y sacarlo, y es así que, calenturiento y por entre la penumbra, con grande porfía piedras busqué y piedras encontré.
Y de inmediato
Desde el derruido muro y a contra oscuridad, viéndole y a la carrera, con tal aversión piedras le arrojé, que eufórico entreví que, de encontronazo, mis pétreas bolas lo arrollaron
8.- os digo
Quien aquel instante no lo haya vivido, difícil le será creerme
La negra ave no se derrumbó
Pues, como si en pesadilla horrenda, inmerso estuviese, y de tal pesadilla, mis pétreas bolas lo sacasen, se sobrecogió todo, seguido, elevo el pescuezo y muy lento, giro hacia sus lados la cabeza, y exhalando una ronca queja, atisbo el silencioso y negro horizonte
Seguido
Bajo la cabeza y viéndome pesaroso, batió sus alas, luego, no obstante, hacia adelante el negro carroñero se proyectó, de inmediato, hacia el alto y negro éter se elevó, desvaneciéndose por entre las horribles tinieblas
9.- aquieto y en silencio yo veía, lo que aun viendo… creer no se podía, tanto que extraviados mis sentidos los creía, que…con la faz y las mejillas incendiadas ¡No estaba disecado!, no estaba seco ¡Estaba con vida!, trémulo me decía
Los gallinazos son carroñeros propios de la zona rural tacneña, aves muy tímidas, pues huyen de los seres humanos, más este solo emprendió vuelo, arrollado por mis pétreas bolas, entonces, junto a un acelerado latir del corazón…¿Por qué así dormía?, ¿Qué poder así lo postro?, confuso me inquiría.
Un sepulcral letargo
10.- evadido ya de mi casa y de mi vista, el negro carroñero, pase una vara de carrizo o caña hueca, por debajo de una puerta, que daba acceso a mi hogar, luego de empujar un tubo de metal, que por su interior la puerta atrancaba, este cayó sobre él en cementado piso haciendo un colosal bullicio, y de inmediato, ingrese a mi casa por un ambiente que de comedor hacia
Luego de ello y como encender la luz requería, con porfía y grande bullicio, hora por el comedor hora por la cocina, fósforos busqué y fósforos no encontré, entonces recordé que en el dormitorio los había.
Entonces hacia el dormitorio me oriente, y como debajo de su puerta, cuya base era de cantería labrada, y por allí la llave escondía, por allí lo rebusque, más algo blando pise y ese “algo blando”, un soñoliento y largo bostezo exhalo, el que a un fantasmal quejumbro asemejado, espeluznantes se agitaron en mis oídos
Pero al oír un soñoliento ladrido, percibir el agitar de una colita, con grande alivio cuenta me di que era mi perrito sandor, que ya tranquilizo, presto lo tomé en mis brazos y con el corazón alegre, le dije… sandor que susto me disté ¿Pero?, tan dormido estabas, que tenía que pisarte para que salieras de tu… sepulcral letargo
11.-luego de ingresar a mi dormitorio y encender una lámpara, volví al comedor y de allí a la cocina, pues debía preparar mí cena y la de mi perrito, aunque cocina a kerosene y a leña tenía, preferí la leña, pues ramas secas de eucalipto los había
Mientras a leña cocinaba y de aromático olor, la cocina se llenaba, mi perrito sandor que junto al fogón se acomodó, y dormido se quedo
Luego de un buen ratito
En tanto de aromático olor a eucalipto se colmaba mi cocina, y mi perrito, que junto al fogón se acomodó y dormido se quedó, unos ruidos que en el techo de mi cocina se suscitaban, atrajo mi atención
Agucé el oído y atisbando el techo, cuya techumbre era de trenzado carrizo, y no obstante me dije… Ah, deben ser gatos techeros, cuan fastidiado me sentí, que presto cogí una vara y picando el techo, correrlos quise
Y que estéril fue mi empeño, y que atroz el golpeteo, cuan siniestro se iba acrecentando que, como quien apetece creer lo que le conviene, y así creyéndolo, ningún temor lo asalte y menos subyugue, masculle… serán, ¿Perros?
Y reflexioné, los perros no suben a los techos, entonces ¿Qué es?, ¿Qué cosa?, esta y se revuelca en el techo, temeroso me inquirí
En tanto el techo miraba, quebrantando el silencio de la noche umbría, proseguía el atroz golpeteo, tanto como iba “in crescendo”, como iba alterado mis sentidos, pues parecía que ese “algo” con gran denuedo, con furor terrible, trataba de ingresar a mi cocina, por el techo mismo
Como un negro diablo
Se batió y lo abatí sobre mi cocina
12.- y como requería ver y así saber ¿Qué cosa era?, lo que estaba en el techo, presto al patio salgo, más tal era tal era la oscuridad que imperaba, que nada ver podía, entonces del muro de la cocina me aparto, para así verlo a la distancia
Y como poco pude ver, presto a una pared le arranco un adobe, luego de estrellarlo en el suelo, por entre las tinieblas y a la carrera, trozos de adobe al techo avente, más el infernal golpeteo continuaba, entonces a un cercano muro me encaramo
Y desde el muro, un bulto negro vislumbre, y este, cuan un desesperado y negro diablo, en el techo y por entre el caliente humo se revolcaba, y con qué enardecido furor el negro espantajo se batía, que, de espanto ya escabullido, de enardecido furor también contagiado, mis cascotes de adobe le avente
Arrollado por mis cascotes, el negro esperpento una ronca queja exhalo, seguido dando unos torpes saltitos, pesaroso y por entre el caliente humo, hacia el alto y entenebrecido estrato, el vuelo emprendió…¡Cielos!, exclame, el viejo carroñero
13.- y de inmediato
Viendo como el viejo carroñero, se desvanecía por entre la silenciosa oscuridad, brinco al suelo y en tanto aquieto lo veía, sentía que extraviados mis sentidos lo tenía, pues comprenderlo no podía, que grande era su sueño, que pesado su letargo
No concebía, no intuía que poder lo abatió, quien hizo que así durmiera, si aun sintiendo que la vida se le iba, del pesado sueño el ave salir no podía, mas ya desvanecidos mis aciagos recelos ¡Vete pájaro de mal agüero!, ¡Vete a dormir!, por otros rumbos, con enojo le gritaba
Seguidamente
Y no obstante calenturiento le grité… ¡Que pesado es tu letargo!, que solo a pedradas despiertas, con sabio seso, deduje… el avechucho, del techo de mojinete al techo de mi cocina, se deslizo para seguir durmiendo
Luego, aunque me dio lastima la suerte del viejo carroñero, divertido opine… después de todo ese pajarraco, no podrá quejarse de mí… ¡Si no lo reviento a pedradas!, el pobrecillo acaba muerto, finalmente jocoso, acote… creo que vino por lana, y cuasi trasquilado acabo
14.- luego de ello y de todo temor escabullido, me fui a mi cocina a seguir preparando mi cena, pero como necesitaba agua y debía traerlo, de unos depósitos que a la vera del rio de regadío estaban, cogí un balde y al patio volví a salir
Y ya en el patio, por entre la callada oscuridad viéndome, raudo la desventura de algo infausto afloro en mí, que presto mi andar detuvo, algo siniestro presentía, es entonces que llame a mi perrito sandor, para que buena compañía me hiciera.
Pues cuando la subrepticia e insidiosa noche, sobre mis rondas su entenebrecida mortaja extendía, los agudos sentidos de mi perrito me daban confianza, aunque a gran voz lo llame y a mis reiterados llamados no acudió, cuan audaz yo me sentía, que resuelto me dije… aunque las tinieblas, ciña mi camino, y luz no tenga… el camino conozco
Un oculto centinela
15.-Os digo
De la puerta de mi casa
Solo de cinco a seis metros, hacia el rio de regadío avance
Ciertamente
Como si de la nada surgiese, un atroz escalofrió me sobrecogió, y este, como si brotase del suelo, con centellante violencia recorrió mi cuerpo, hasta llegar y con espeluznante furor, asentarse en mi mollera
Evidenciándose
Como una ola u onda eléctrica, y esta, como un rodillo se fue desplazando a través de mi cuerpo, sacudiéndome una y otra vez
Seguidamente
Una desesperante y punzante angustia, con crueldad me empezaron a oprimir el corazón, y a mi faz, acometer una ardiente soflama, sintiendo adormecérseme la mollera, erizarse mis cabellos y los poros de mi cuerpo, y a mis oídos, acometer un sonoro zumbo
Ese instante
En tanto mi cuerpo se estremecía, con esplendor la templanza, la fortaleza espiritual me asistió, y sin soltar mi balde, sin dejarme avasallar por esa aterradora y sobrenatural sensación, estoico, sereno y sin expresar silaba alguna, retrocedí un metro o más y al instante, la atroz sensación se desvaneció, se fue, nada quedo
16.-el atroz instante vivido se desvaneció, la terrible ola u onda que desde el suelo parecía trepar y con furor, iba recorriendo mi cuerpo una y otra vez, también se desvaneció, solo un leve dolor que un glacial frio me causaría, por unos instantes quedo en mí, como también la aciaga incertidumbre de no saber, ni intuir a que se debió la atroz sensación que experimente, eso solo eso, permaneció en mi
Seguido
Sin soltar mi balde ni expresar silaba alguna, aquieto y en silencio, empecé a escudriñar el silencioso contorno que a mi viejo solar cercaba, mas todo lo que ante mi vista se extendía, lo cubría la silenciosa oscuridad
Y como nada veía, tampoco sentía miedo, y del leve dolor me había ya olvidado, solo sentía curiosidad, humana curiosidad, el etéreo deseo de avanzar hacia adelante, para así saber que era, lo que no podía ver, pero si sentir
17.- más no avance, solo aquieto y sin expresar silaba alguna, con sumo esmero todo mi enfrente examine, y como solo vi un denso y negro trazo, que en realidad solo era el espeso matorral, que a la vera del rio de regadío prosperaba
Sin sentir miedo, ni imaginar lo sobrenatural
Sereno y con mi balde, retorné a mi cocina, luego de atrancar bien mi puerta, juicioso me dije… esta noche ¡No voy a los depósitos a traer agua!
18.- luego de ello me sobrevino el olvido total, luego de preparar mi cena de avena y leche evaporada, apagar el fogón y despertar a mi perrito, darle su cena y servirme la mía
Y ya y en el comedor
Mientras cenaba meditaba, aunque del centinela me había ya olvidado, el insólito sueño de mi perro y del negro carroñero, aun persistía en mi memoria, pues no comprendía como el ave así dormir podía, estaba como petrificado, con asombro me decía
Demasiado tiempo lo vi con las alas extendidas, nadie así dormir podría, acotaba, pues el cansancio lo vencería y del mojinete caería, ello no es posible deducía, no concebía lógica en su letargo, ni en la de mi perrito ¿Quién tenía ese poder?, ¡Quien!, y con qué propósito los hacía así dormir, turbado me inquiría
Aunque me preocupaba el letargo de los animalitos, no sentía miedo o recelo hacia lo sobrenatural, solo la extraña sensación de estar siendo vigilado, conjeturaba que podría ser un ladrón o algo peor… un sicario
Reflexivas cautelas
19.- después de cenar y creo, haber hecho mis deberes escolares, me retire al dormitorio que era la habitación de techo de mojinete, dividida en dos por una pared de carrizo enlucido, el lugar más seguro de la casa. Puesto que tenía dos entradas y salidas, una daba hacia el comedor y de allí al rio de regadío, su otra daba hacia el camino vecinal llamado Camino a Pocollay, y desde allí, hacia una extensa pampa
Desde muy pequeño mi madre me decía, si es de noche, estas solo en casa y sientes miedo, deja la luz prendida en el dormitorio, así el maligno se alejará de ti, ellos temen la luz, pues son seres que solo viven en la oscuridad.
Y cuando le decía… pero mama ¿Si es un bandido?, el que a casa ingresar quiere, entonces aplacaba mis infantiles temores, aconsejándome… lleva el perro al dormitorio, para que te acompañe y te alerte, pues sus agudos sentidos te advertirán, y si te das cuenta que el intruso viene, por un lado, sale corriendo por el otro y sin detenerte, ve a casa de los vecinos y avísales
No debes temer a los malos espíritus, ni a los malhechores, recuerda que el miedo es tu peor enemigo, no dejes que te domine, pues el miedo te hará ver y sentir, lo que en verdad no existe, ten fe y valor que Dios te protegerá, así era como mi madre, templaba mi espíritu, me daba férrea fortaleza
20.- y como imaginaba que vigilaban mi casa, hice que previamente mi perrito, revise todo el dormitorio y la sala, comprobado que nadie escondido estaba, afiance bien la puerta del dormitorio, que era de madera sólida y estaba asentada, sobre bloques de cantería labrada, luego para que me hiciese buena compañía y me alerte de todo peligro, deje a mi perrito sandor dentro de mi alcoba
Y por si tuviera que salir corriendo, con sabio seso, me puse un polo y mi short, luego dejando la luz encendida, al sueño me entregue
Y así y bajo sus tibias y dulces alas, todo temor se desvanece, pues alejándome del mundo real, me enrumba hacia un mundo de fantasías, del que no debía temer, porque los sueños, son solo ilusiones, solo quimeras son.
21.- y que presto me sobrevino el sueño, un revelador sueño, y tan real erase, que sentía no soñarlo, sino vivirlo.
En el sueño mismo, en tanto mi lámpara de aquieta luz, iluminaba mi alcoba que de tierra afirmada era, agradable y de todo mal ausente, de entre mantas y con el mismo short y polo me veo despertar, luego con sosegado paso a la contigua habitación que de sala hacía, sin prisa mis desnudos pies me conducen, porque en todo sueño el tiempo sin prisa es, porque eterno es
Un negro féretro
Sostenido solo por la oscuridad
22.- como adormilado a la sala ingreso
Desierta la sala estaba, una etérea claridad que a la luz de la luna evoca, iluminaba la sala de entablado piso, solo sillas apegadas a la pared los había, que así, tan triste y solitaria viéndole, sentía me exhortar a una doliente melancolía
En el centro de la sala
Solo sostenido por la horrible oscuridad, a un grande y negro féretro, yo vi y me dije… es un velorio
Seguido
Con dócil paso, tome asiento en una silla, más en tanto contemplaba el negro féretro, también veía que nadie, ni nada a su alrededor había
Viéndome tan solo, pesaroso me inquiría… ¿Por qué?, esta solo ¿Por qué?, a su alrededor nada había, ni gente, ni flores
Qué triste lugar y que triste suerte, del que ahora examine, por entre el silencio y la oscuridad, en vano clama mortal aliento, si de él, mundo se olvido
Pobre Oh, pobre, solo en su postrera hora, supo del mortal desdén, y ya pérdida toda esperanza, él sabrá que no hay dolor más cruel que en la eterna desventura, recordar los felices tiempos idos
Oh, negro féretro ¡Prisión de muertos!, cuan entristecido te contemplo, como inclemente en tu cometido, relegas a toda alma a la oscuridad de los tiempos, decidme… ¿Por qué junto a él, nadie está?, ¿Por qué?, solo esta, como solo estoy
Compungido así sentía inquirirme
23, solo una aquieta y blanquecina luz, ceñía la entablada sala, y en el centro, solo por lo oscuro sostenido, a un grande y negro ataúd veía, más en tanto lo veía, en tristísimos pensamientos sumido, me inquiría ¿Quién ha muerto?, ¿Quién está dentro del negro féretro?
Y como si la eterna oscuridad, respuesta me dispensara.
Diciéndome
Anda ve y contempla
Al que ha muerto
Lentamente el negro ataúd, levanto su tapa y ya abierto y ofrecido, cual un negro y efervescente vapor o humo, comenzó a salir y luego, como retorciéndose se fue extendiendo por el entablado piso
Presto una doliente sensación de desventura, afloro y me subyugo, sumiso entonces me levando y viendo el negro ataúd, en silencio y apegado a la pared yo me acerco, pues ver el ataúd y al que adentro estaba, por su lado largo verlo quise
Un Ángel de Dios
24.- cuando ya cerca me encontraba
De súbito
Y, junto a tenue destello, una centellante y bella luz broto, y de la luz, un Ángel del Señor salió y me dijo… ¡Apártate de él, no debes verlo!
Y me aparto del negro féretro
Más confuso y viendo el ataúd, aquieto quedo
A ello
El Ángel volvió a decirme… ¡No es digno a ti!
Seguido
Me empujó hacia la ventana
Y me ordeno… ¡Abre la ventana!… ¡O eso, será para ti!
A la ventana ya arraigado
Sobre ella vi… un pequeño y blanco ataúd
Que cerrado estaba
Ausentándose ese instante, la luz y el Ángel de Dios
25.-y ya frente a la ventana, vi que el pequeño y blanco ataúd, estaba rodeado de bellos nardos, de verdes tallos y blanca flor, y que bonito se veía, que absorto lo contemplo
Más de súbito
Vi que abierto estaba y dentro, nada había, vacío estaba
En ese instante la ventana se abrió y a la sala, una fresca briza irrumpió, substrayéndome del sueño
Huido ya de mí el dueño, a mi perrito que en la alcoba deje, para que buena compañía me hiciese, desconcertado tanto como lo oía aullar y revolverse por la contigua sala, como a otra ronda de perros, los que, frente a mi puerta amontonados, espeluznantes cantos a la noche umbría le ofrendaban, tan largos e intensos eran, que espeluznaba oírlos
La jauría
26.- aunque al oír sus afligidos lamentos, de confusos pienses se hubiese colmado mi turbada mollera, cuando el reciente sueño a mi memoria trepó, entonces con atroz furor un horripilo escalofríos, mi cuerpo recorrió y de fantasmales aprehensiones, presa y laurel de mi hizo. Y estos cual, si fuesen, una infernal horda de espantos, que, desde la mansión del fuego eterno, prestos y en desbande a mi solitario hogar se avecinan, buscando encontrar en mí, una cándida y dócil presa, para el saciar de sus protervos frenesíes.
Entonces vacilante de mi cama me incorporo e excitado, mis excitadas y desnudas piernas froto, pues con ansia su excitación apagar quería, y mis ojos, lentamente recorren la habitación, buscando ver en ella, lo que ver no quería, y si nada vi, porque en mi contorno nada había, entonces la calma agradable a mi volvía, cuando veía a mi lámpara de aquieta luz, iluminando mi alcoba
27.- más el temor a mi volvía, cuando frente a mi puerta, perros en manada a la oscura noche sus lúgubres cantos le ofrecían, entonces… ¡Debo salir y correrlos!, afligido me decía, pues sentía que su lúgubre canto, con malévolo empeño me abrazaba y me sumergía en lúgubres fantasías
Y de inmediato
Como en el sueño mismo, y no obstante que, con vacilante paso hacia la contigua sala me orientaba, y una aciaga e insidiosa quimera, ya junto a mí expectante anda, también la fortalecedora luz iba conmigo
Y ya frente a la contigua sala, lento recorro una cortina y con temor ingreso, mas, aunque reconfortado quedo, cuando veo que en la sala ningún féretro había, macilento también veía a mi perrito sandor, el que, como poseído de enloquecedor miedo, aullar y revolverse por el entablado piso. Pues tanto como saltaba a la ventana, como expedito a la puerta corría y con desesperación terrible, la rasgaba y mordía, buscando salir hacia la pampa que frente a mi casa se extendía
En igual tiempo
Afuera y frente a mi casa, con tal frenesí a una manada de perros oía aullar, que daba la macabra sensación de que aullaban, poseídos de enloquecedor miedo, si prolongado y de espeluznante modulación, su canto era
28.- ese entonces que, luego de dejar a mi lámpara sobre una mesa, hacia la ventana me acerco y al abrirla, la jauría tanto como se acerca, como arrecia su lúgubre canto, más la noche era tan negra que solo alcance a entrever, la silueta de unos 15 a 20 perros
En ese instante
Mi perro salta a la ventana y con grande furor, trata de filtrarse a través de sus metálicos barrotes, y no puede, entonces exasperado lo agarro y al agarrarlo, tanto como siento como le tiritaba el cuerpo, como lo oía aullar y veía, retorcerse presa de un horripilo miedo, que ya y de espanto contagiado, expedito arrojo al piso, gritándole… ¡Cállate sandor!, ¡Ya cállate y deja de llorar y retorcerte!, que… me das miedo
29.- pero lejos de sosegarse, como chiflado mi perro saltaba a la ventana, a la puerta corría y con furor terrible la mordía, tratando de forzarla y salir, más y como no lo conseguía, tanto como se revolcaba en el piso, como gemía y aullaba de pavor
De cierto en esos instantes, tenía la razón en blanco, pues no intuía que es lo que, a la jauría y mi perrito, les causaba tan atroz miedo, ni ¿Por qué?, se amontonaron frente a mi ventana cuando la abrí, ni evoqué el reciente sueño, ni a la tétrica silueta del viejo carroñero, y del fiero centinela, quien, en el patio ulterior hacia fiera guardia, lo había echado al olvido
La jauría y las tinieblas
30.- cuando abrí mi puerta y como un huracán, Salí hacía la vía vecinal, llamado Camino a Pocollay, de cierto os digo… quien no lo vio, cuán difícil le será creer lo que en esos instantes yo vi, la noche era tan negra que parecía que a la tierra toda, las atroces tinieblas se la habían ya engullido, aun así… a unos 20 perros o más, alcance a entrever
De cierto os digo
Y ya estando afuera, desconcertado vi como los perros más grandes, exhalando suspiros de alivio, retozones me envuelven, luego girando a mí rededor me empiezan a empujar, mientras los más chicos, seguían aullando
Así viéndolos
Y ¿Qué es lo que a mí?, querrá decirme la jauría, si son solo perros, animalitos, por unos instantes aquieto, confuso debí decirme, luego como no lo comprendía, contra la jauría guerreo, pero la jauría no se amilana, también tenaces en su cometido, siguen envolviéndome y empujándome
A la postre
Luego de mucho batallar, conseguí librarme un poco de su tenaz asedio, de su porfiado rodeo, y presto, reingreso a mi casa y mi puerta cierro, y ya y en la sala, exangüe a la jauría oigo, agolparse a mi puerta y con mayor frenesí, arreciar sus lúgubres cantos. Y tan intensos, tan tristes su canto era, que su cadencia plasmo en mi faz, una angustia tan grande, como cuando esta es… progenie de la más cruel desesperanza
31.- de cierto, mi edad y mi naturaleza, dicto su ley y bajo su imperio, aun con el corazón palpitante y de ígneo rubor las mejillas pintadas, sea cual sea lo que, a mí, me podría sobrevenir en aquellas horas de soledad y tinieblas, no abandonare mi casa, estoico debí de decirme
Aunque aún era un niño, poseía valor, fortaleza espiritual, y no era un bobo, y no estaba dispuesto a salir corriendo de mi casa, imaginándome lleno de miedo, que amparado por la oscuridad me acechaba, un infernal ente o un despiadado asesino
Aunque no podía calcular la hora, confiaba que la luz de mi lámpara, hasta la alborada su amparo me diera, luego de ello, mientras que ajeno a mis aflicciones el tiempo su rumbo corría, serenándome un poco me dispuse a sobrellavar las horas de la noche
La noche larga
32.-mientras oía los aullidos y los movimientos de una insistente jauría, es que, decidí
estar preparado para todo lo que me podría sobrevenir, en aquella fragelosa noche de tinieblas, en un baúl o cajón grande, tenía un fusil Máuser, un arma de guerra, bien conservado y listo para librarme de todo mal, pues al cogerlo y tenerlo en mis manos, me dio audacia, me hizo sentir osado
Y no obstante me dio la certeza de poder defenderme, en verdad, no solo nunca lo había utilizado o disparado, pues era muy pesado para mi edad, es que, dejé el arma en su sitio y cogiendo su hoja de acero, me dispuse a esperar la luz del nuevo día
Seguidamente
Viendo a mi lámpara de aquieta luz, iluminar mi rededor, sobre una banda de mi cama me senté, y con la hoja de acero sobre mis desnudas piernas, audaz me dije… la noche será larga y dura, como mi vigilia
Y así espere el amanecer del nuevo día, la luz que a mis pesares fin pondría, la luz que le daría paz a mi afligido ser, que con ansia mi ser clamaba, en aquellas horas de soledad y penumbra.
Alguien a casa llega
33.-aunque en esos momentos, recordé el reciente sueño, evoqué la sombría efigie del negro carroñero, de nada valió, si no lo entendía no lo consideraba, y del centinela, quien, en el patio ulterior de mi hogar, montaba fiera guardia, lo había echado al olvido
De cierto
En esos instantes, bajo el imperio de mi edad e intelecto, tanto como en profundas cavilaciones yo me ensimismaba, como intuía, sentía que de a poco, todo se iba ausentando, todo a mi alrededor se iba sumiendo en profundo silencio, ya no oía a la jauría, ni sentía mal alguno, ni miedo o ansiedad, todo se sumió en un absoluto y recóndito silencio
34.- esos instantes
Por entre el silencio de la noche umbría, ruidos de pasos a mis oídos esperanzadores llegaron, aunque presto me pongo de pie y musito… alguien a casa llega, vacilante también me inquiero… y ¿Quién es el que?, a casa viene
Prosiguiendo
Mas el que a casa venia, se detuvo frente a la puerta y de inmediato, comenzó a forzarla o tratar de abrirla a la fuerza, aunque presto me activo me detengo, cuando le escuche pasar una vara de carrizo por debajo de la puerta del comedor, luego empujar el tubo de metal que la atrancaba, haciéndole caer y rodar por él en cementado piso
Así oyéndole
Sentí grato alivio, imaginando que era mi hermano mayor, quien a casa llegaba, pues con sabio seso deduje que… ningún sicario y menos un demonio, pasaría o utilizaría una vara de carrizo para abrir la puerta, aunque por aquellos días estaba ausente, aun así, reconfortado tres veces lo llame, más a mi invocación nadie respuesta dio
Y ya oyendo el ruido de pasos por el comedor, pensé y me dije… entonces es mama, quien a casa llega, aunque recordé que siempre que llegaba a casa de noche, llegaba en taxi y el taxi, solo circulaba por la vía vecinal… Camino a Pocollay, y solo partía, cuando respondiendo al llamado de mi madre, yo le abría la puerta de casa, aun así, sentí alegría en el corazón, imaginando que, a casa, mama llegaba
Quien ya feneció
Volvió de la eterna oscuridad
35.- ya no oía a la jauría, solo el sonoro ruido de pasos por el comedor, alteraba el sepulcral silencio de la noche tenebrosa
El que, de lo oscuro venia
Y ya frente a la puerta de mi dormitorio, su andar detuvo, en ese instante, una vez más mi edad y mi naturaleza, dicto su ley y bajo su imperio, me aproximé a la puerta y con voz quedita, dije… mama eres tú, solo el silencio me volvió a dar su callada respuesta
Ese instante
En tanto vacilante me inquiría… ¿Si no es mi hermano?, tampoco mama, entonces ¿Quién es el que?, ¿Por el comedor viene?, el que de lo oscuro venia, comenzó a empujar la puerta de mi dormitorio
Es entonces que… como liado a una fría turbación, recordé el sueño, recordé al Ángel del Señor, quien me ordeno… dejar mi casa y junto a la jauría, esperar la luz del nuevo día
Os digo
Si quien dándome Gracia
Expreso en mi Eduardo, su Soberana Voluntad
No confirma mi testimonio
Imposible le será al hombre, creer lo que no es posible creer
36.- una tabla atrancaba la puerta de mi alcoba, y esta, con ímpetu forzada, simplemente resbalo, se deslizo sobre la dura tierra, abriéndose así una hoja
Y de inmediato
Y el que desde de lo oscuro venia, ingreso a mi alcoba
En ese instante, tanto como la penumbra cubría mi alcoba, como un frio sobrecogimiento me turbo, sintiendo aletargarse mis sentidos, presto retrocedo y de nuevo, sobre el borde de mi cama, sentado quedo
Lo evidente
Lo que jamás ojos humanos vieron
Por Edicto de Dios el Altísimo, Lord del Universo, yo lo vería y oiría
Y no obstante el que, desde lo oscuro venia, iracundo, resuelto ingreso, viéndome titubeo y se contuvo, seguido, compungido un instante se quedó viéndome, luego humilde se acercó más a mí, y yo sin saber qué hacer, vacilante solo lo veía
Lo evidente
Él fue un ser humano
Su semblante era oscuro, sus fracciones se diferenciaban solo, de más a menos negro, y sus dientes, también negros, una capucha le cubría la cabeza, esta cual un negro hábito, se prolongaba hasta sus pies
Aunque sus fracciones eran negras, eran afines a un caucásico o mestizo, y sin gran diferencia entre varón o mujer. Un negro efluvio, luz o emisión, envolvía todo su cuerpo, y esta, irradiando penumbra, por su alrededor se difundía
Su aspecto, su talante suscitaba asombro y sobrecogimiento, y la expresión de su faz, era propio de un ente de pesadilla, y sus ojos, cual dos negras y encendidas ascuas, exhíbanse diabólico en su mirar
Él fue un ser humano, quien habiendo ya fenecido, volvía ya transfigurado
37.- y el, lento se acercó a mí, y a una distancia de aprox 0,60 Cts., se detuvo y por un instante, humilde me contemplo, entonces cuenta me di que él, en su vida material fue alguien de risa fácil y humillante
Aunque se esforzaba por parecer menos desagradable, estaba consciente de su horripilo aspecto, de su infausta situación, el razonaba, expresaba emociones, pues estaba pendiente de lo que yo, en ese instante podía hacer o decir, ya que me observaba con detenimiento sumo
Él no era in material, no atravesó mi puerta, solo forzándole, solo haciendo caer su tranca o cuña, pudo ingresar a mi casa, luego a mi alcoba
No tenía aspecto fantasmal
No era transparente, no se veía a través de su cuerpo, ostentaba forma y volumen humano, su andar forjaba ruido, solo así, pudo a ciencia cierta, ser visto por la jauría, que así viéndole, aullaban presas de un enloquecedor miedo
Aunque en ese instante, viendo sus ojos, un fuerte sobrecogimiento me asalto, no le tuve miedo, ni recordé hechos anteriores, más él, dándose cuenta de ello, esbozo un gesto de suma consternación, propio de quien está consciente de sus pasados yerros, y por ello, su infausto final, del que sabe que su talante, procura asombro y frio sobrecogimiento
Ese instante
Viéndolo frente a mí y al alcance de mi mano, me percaté, supe que, a él, lo consumía una infinita pena, más él, doliente me observo un ratito, luego levanto hacia mí su brazo derecho y con humildad, me dijo… Perdóname Eduardo
Luego de ello
Como quien respuesta espera, doliente y con esmero, se quedó mirándome, aunque el fuerte impacto emocional que me causo, al verlo ingresar a mi alcoba, de a poco iba huyendo de mí, pues lucido, consciente estaba, nada comprendía y por ello, nada expresar yo podía
Así mismo
Mientras que él, me veía, como quien nada sabe, porque nada le es dicho, y por ello, nada se le da por decir o hacer, giré hacia mi derecha el mirar y al coger una manta, cuenta me que di que, aunque a él, yo lo veía envuelto e irradiando penumbra, la aquieta luz de mi lámpara, seguía envolviéndome
38.- solo así supe que, el negro efluvio o emisión que, a él, lo envolvía y seguía, gestaba aciaga penumbra, y por ello, a él viéndole, su penumbra yo veía, eso hizo que finalmente huyera de mí, todo recelo y con esplendor fluyera en mí, la templanza
Más en ese instante
Pero el, por alguna razón que jamás he de saber, sin decirme algo más, como quien se dice… Solo es un niño, que nada sabe
Esbozo un gesto de ironía y con resignación, bajo el mirar y girando hacia su izquierda, emprendió el infausto retorno, hacia una realidad sumida por las eternas tinieblas
De cierto él fue un ser humano, y ahora, consumido por la más cruel congoja, partía hacia una infausta realidad, aunque por mi edad, nada comprendía, nada recordaba, viéndole así partir, presto una sensitiva sensación de conmiseración, afloro y próspero en mí, que instintivamente me levanto, pues decirle algo yo quise
El paso
Hacia lo desconocido
39.-en ese instante
Y de súbito
Como si de lo infinito, silencioso rumor proviniese, mi deseo contuvo e hizo que hacia mi izquierda me volviese, luego de un tenue y fugaz destello, una negra y densa emisión o luz surgió y se evidencio frente a mí, como una brillante lamina rectangular
Luego de un instante
Por la Gracia de Dios el Altísimo, volvía a verlo que jamás ojos humanos otros vieron, del centro de la densa y negra emisión, que frente a mí y a un metro o más de distancia se alzó, lento se abrió un Circulo o Paso, y a través de ese Paso, cuyo diámetro debió ser dos metros, con asombro vi un Ser que en alguna ignota creación anida
Y a ese ignoto ser, vi pasar y cuenta me di que él, estaba solo, que andaba por un campo o baldío, que sería de noche, que no me veía, que estaba a regular distancia del Paso que, frente a mí, abierto estaba.
El paso se hizo evidente, Real y Efectivo, como una fina lamina rectangular, negra y brillante, no vibra, no gesta ruido, ni irradia luz alguna, pues se diferenciaba bien sobre la dura tierra de mi alcoba, la sobrecogedora emisión que frente a mí, aquieta y silenciosa se alzaba.
Luego de un ratito
Perplejo y a través del Paso abierto vi que, como si de súbito, frente y a gran distancia del ignoto caminante, igual fulgor también broto, pues veo que él, como sobrecogido de grande espanto, presto levanta los brazos y se cubre el rostro, detiene y retrocede, luego como si tal emisión o fulgor, circulo o Paso igual al ignoto caminante también se le abriese, aquieto y como embobado, lo veo mirar el Paso abierto
Y de inmediato
Ambos Pasos… se alinean, de esta manera veo al ignoto ya de frente, y veo que él, confuso y muy asustado, primero mira hacia sus lados, luego centra el mirar y a través del Paso abierto, bobo un instante, vio que también yo, viéndole igual estaba
40.- luego de un momento de vacilación, el ignoto Ser reacciona y resuelto, corre hacia el Paso abierto, así viéndole, la sola idea de un posible contacto físico con un ser de otro mundo, cuan violento escalofrío me causo, que ese instante, solo atine a mirar hacia mis lados y retroceder, volviendo a quedar sobre el borde de mi cama
Os digo
El Paso se abrió frente a mí y a un metro de distancia, y debió tener, dos metros de diámetro, mientras que al ignoto el Paso, se le abrió a gran distancia
Aunque en su mundo creo, debía ser de noche, aun así, vi que él, caminaba erguido y vestido, y no obstante a la distancia parecía un ser humano, de cerca, no era un ser humano
Y ya y sobre el borde de mi cama, mientras una ardiente soflama mi faz ceñía y un frio sobrecogimiento mi cuerpo recorría, viendo la tierra de mi alcoba, y la negra y brillante emisión Oh, Dios, musite con el pensamiento
Y al instante
Vi que el Paso, se acorto y lo detuvo, luego, se elevo
41.- entonces levanté el mirar y vi que, aunque el ignoto se esforzó, por pasar e ingresar a mi habitación, no pudo, pues el Paso se acorto, entonces se aquieto y desde aprox., un metro de distancia y dos o más de altura, se quedó mirándome con embeleso, con sorpréndete fascinación
De cierto, lo que a mi aconteció en aquellas horas de soledad y penumbra, si no fue dantesco, fue prodigioso, yo debí tener la edad de 12 años, y mi hogar, situaba en la zona rural tacneña
Y la noche, era muy oscura y de oculto silencio
Os digo
En ese sublime instante, sobre el borde de mi cama y con los pies, sobre la dura tierra de mi alcoba, vistiendo short y polo, teniendo a mi izquierda y sobre una mesita, una lámpara a tubo, cuya aquieta luz iluminaba la habitación
Por mandato de Dios el Altísimo
Yo Eduardo veía, lo que jamás ojos humanos otros vieron
Frente a mí, se alzaba el Paso, evidenciado como una lámina, fina y rectangular, negrísima y brillante, no titilaba, no irradiaba luz y no gestaba ruido, y como a dos metros o más de altura, el Paso abierto me permitió ver, solo el rostro del ignoto Ser
Y vi que.
Su rostro era áspero y de color café rojizo, carecía de vellos o barba, de labios delgados y nariz aguileña, y sus ojos, grandes y turbadores, tres círculos de distinto y acentuado color, blanco, amarillo y oscuro el centro, aunque viendole a la distancia, parecía un ser humano, de cerca no era un ser humano
42.- ese instante aun sobrecogido, su turbador talante veía, más acorde lo veía y el también me veía, cuenta me di que era inteligente y muy curioso, pues con vehemente fascinación me examinaba de pies a cabeza
Pues luego de que, con grande pasmo, con prolijo esmero exploro toda mi habitación, con embeleso sumo me empezó a ver, tanto como si yo fuese, un ser o alguien que él, jamás concibió posible su existencia. Se reveló así mismo, como una raza inteligente, como un ser que sabe apreciar y valorar lo que Dios el Altísimo, Lord del Universo, también a él y a través del Paso, le permitió ver y así saber, como yo era, como otros seres eran
Mas yo a mi edad subordinado, lo vislumbre, lo valué turbador, más al darse cuenta que su talante, sus turbadores ojos me causaba asombro y miedo, y como quien, apesadumbrado, se dice… ¿Pero?, ¿Por qué se asusta de mí?, si yo, no soy malo, esbozo un gesto de aflicción, de grande consternación, o en verdad, solo sonrió tratando de parecer ante mí, más amigable, no lo se
A mi fe y edad subordinado
43.- en ese excelso instante, viéndolo así verme, mi edad y mi naturaleza, volvió a dictar su ley y bajo su férreo imperio, viendo la negra emisión y allí, su colorido rostro y sus turbadores ojos, como si buscase el amparo protector de mis mantas, vacilante levanté un brazo y cubriendo mis ojos, giré hacia mi cama mis desnudas piernas, pues de aquel turbador mirar, mis ojos apartar quise
Ese instante
Después de sentir los pasos del que ingreso a mi alcoba, quien luego de abrir la puerta del comedor, hacia las eternas tinieblas, su andar emprendía, volví a sentir el callado impacto, entonces supe que el Paso se cerró y el negro fulgor, también se disipo
Cuan duras me fueron aquellas horas, horas en que Dios el Altísimo, prodigioso evento me dio por designado sobrellevar, y cuan duro su final, pues ni llorar pude, ya que, por no saber ¿Por qué?, tales cosas yo veía, hasta las lágrimas se negaron a brotar
De cierto… solo así posible saber, con que crueldad turba y flagela la razón, oprime el corazón, cuando uno nada sabe y aun en su aflicción, nada le es dicho, y así, decaído el ánimo, se siente caer en un vacío infinito y oscuro, del que, ni aun como una vana quimera, la luz de la esperanza le llegue o salir pueda.
44.- y como aún tenía 12 años, y la ignominia, aun no se evidenciaba en mi carne, ni en mi razonamiento, ni intuía la ajena, solo era un niño pobre y feo, solo y para todos, el chico bobo de la comarca, solo digno para su torpe y avieso jolgorio
Y por ello, creía que a quien veía, era Lucifer…Oh, Dios ¿Por qué?, yo tengo que ver, lo que nadie ver quiere, con ingenuo, con lloroso ánimo creo me decía
Mientras mi lámpara extendía su aquieta luz, lentamente una infinita tristeza, empezó a germinar en mi acongojado ser, dibujando en mi candorosa faz, la cruel mueca del infausto designio, como si la eterna piedad, conmovida se sintiese y sobre mí, extendiese sus dulces y compasivos brazos, para decirme piadosa… duerme y olvida
Placido me sobrevino el sueño, entonces jale hacia mí, mis mantas, para cubrir mí ya cansado cuerpo, luego viendo la aprisionada tierra de mi alcoba, resignado me entregue al dulce ensueño, y así la paz, de nuevo hizo de mi humilde hogar, su dulce morada
45.- el nuevo día llego, y que placido fue mi descanso, que de tarde me despierto y como un gato me desperezo, entonces, cuan extrañado veo que la tabla, que atrancaba mi puerta en el suelo yacía, aunque algo recordé y al comedor, corriendo Salí y con gran temor, con ansia me inquiero ¿Quién vino anoche?, en ese instante, huyo de mi memoria material toda información de lo que a mi acaeció, como si nunca lo hubiese existido, como si jamás lo hubiese vivido
Entonces Salí al patio a traer agua, pues mi desayuno prepara quise, pero al ver a un esplendoroso Sol, extender sobre la adormilada campiña tacneña, sus bellos fulgores y a mi perrito sandor, juguetear alegremente, y no obstante recordé ¡Cielos!, hoy es día de colegio, y ya es tarde… Bah, y que me importa, alegre me dije… si a la escuela, tampoco voy hoy
Y de inmediato con el corazón alegre, exclame… ¡Vamos sandor!, vamos a recoger agua de los depósitos, que junto al rio están, y así y en el amanecer de mis días, aún seguía siendo el mismo…el fin
Comentarios
Aunque en aquella vez, creo… tendría la edad de 12 años, por mi carácter e intelecto afín a uno de menor edad, sumiso y de cándido semblante, y como tal, factible a la vileza humana, también era creativo y muy observador, poseía fortaleza de espíritu y templanza de carácter, valores, prócer necesario para sobrellevar con estoicismo y mesura un Develamiento, valorando y preservando su mensaje
De cierto
Ser sumiso e ingenuo, no significa ser necio o bobo, ya que los Seres espirituales, solo se manifestarán a quien le es digno a ellos, y no al inicuo, tampoco al necio o bobo, menos al carente de cordura, ya que ellos, presas de enloquecedor miedo huirán
Un Develamiento es la apertura del Paso, el que una vez abierto, enlaza universos de igual o diferente origen, permitiendo que sus seres trasciendan de un lugar a otro, para anidar o ser vistos y oídos
Aunque en aquellos momentos, no lo recordé bien, el que ingreso a mi hogar y luego me dijo… Perdóname Eduardo, sin duda… fue el que tiempo atrás, me ofreció un plato de comida, y no obstante en mi sueño, un Ángel de Dios me ordeno salir de casa y junto a jauría, esperar la luz del nuevo día, y por ingenuidad le desobedecí
Al ver vacío el blanco ataúd, intuyo, creo que Dios me decía… Eduardo quédate en casa que Yo te protegeré, porque lo que tú veas y sepas, el hombre debe de saberlo, y si en aquellas duras horas, no quise seguir viendo al ignoto Ser, es porque a mi edad y fe subordinado, creí que veía a Lucifer, y El, complacido de mí, se sentía
Concluyo
Sabedor que, en toda creación, tiempo y lado, nunca estará exenta de fanáticos, así como hoy a los míos, a los suyos el ignoto Ser, cuan eufórico les diga… ¡Oídme todos!, he visto la luz, he visto el Paso y a través del Paso, he visto a un ignoto ser, y de inmediato, con el corazón alegre les hable de Dios y de mí, como yo os hablo
Desde la tierra le deseo suerte, y sus días no acabe, como los de Jesús de Nazaret, clavado a un par de maderos, si para quienes sumisos y con el corazón alegre, sirven los propósitos de Dios, la vida nunca le serán placenteros
Y no obstante el ignoto ser, revelase una edad de 30 a 35 años, con referencia a un ser humano, y yo 12 años, en el instante en que… personificando al hombre, sobrellevaba el evento espiritual, el Develamiento del Paso, es al hombre, a la historia a quien le compete decir si en aquellos instantes, yo les fui digno o no… Eduardo