Exaltación

Prefacio
Un día de abril
Aunque bien sabía que los felices días de cosecha ya terminaron, aun así, un humilde antojo a mi pequeño huerto me encamino, pues un dulce fruto con embeleso encontrar quise, y tanta fue mi porfía que, rebuscando de parra en parra, con encanto a mi encuentro feliz se obsequió, un rezago de la dulce uva negra

¡Albricias!, mientras complacido disfrutaba el dulce fruto, con resignación también veía y comprendía, que en mi huerto nada ya quedaba, y mientras ajado, el otoñal contexto contemplaba, también sabia y comprendía que, cumplida su augusta labor, rendido sus últimos frutos, exhausto mi lindo y fértil huerto, en silencio y sin ningún reproche se acogía a su invernal sosiego
Mas me reconfortaba diciéndome… mientras la tierra siga rotando el Sol, con el nuevo florecimiento, el tiempo ya ido volverá y junto a ello, también volverán los felices días de cosecha, entonces la tristeza de mi huira, y yo, volver a sonreír

Complacido ya mi dulce antojo, por un tronco de sauce que, tendido sobre el cauce de un rio de regadío, de puentecito hacía, sin prisa lo franquee y por entre parrones Salí de mi fértil huerto, y no obstante en Tacna se había ya afincado el otoño, por ello frio es su amanecer y gris su atardecer, aun relumbrante suele ser su Sol, y por ello, también tibio o templado su medio día
Y si aquella vez fue antes o el medio día, si tenía menos o más de 12 años de edad, nada me recuerda, ni me importa, si para mí el tiempo recién empezaba, importancia al tiempo no le daba, de cierto, mientras que, hacia mi viejo solar de adobes, con indolente paso me encaminaba, todo a mi alrededor y a lontananza tan desierto se entreveía, como mis pensamientos lo eran

Mientras que, por un baldío, que el caliente estío limpio y sano lo dejo, hacia mi hogar mis perezosos y desnudos pies me conducían, a la distancia y con indolente animo veía a uno que otro viejo solar de adobes, como si consumidos por el tiempo estuviesen reclamando un postrer reposo, lánguidos se desmoronaban uniéndose a la madre tierra.
Y sobre un alto y celeste firmamento, cual, si copos de algodón fuesen, a unas dispersas y blancas nubes veía relumbrar abrazadas por el Sol, por el camino andante, sin prisa ni preocupación alguna, hacia mi hogar yo iba

 

 Es mi testimonio
1.- en esos instantes y de súbito, un tenue destello mi andar detuvo, que hacia lo alto mis inquietos ojos levanté, y por entre las blancas nubes, confuso una imagen yo vi, aunque alto se veía, lentamente se fue aproximando, conforme se aproximaba, obvio lo veía acrecentarse, entonces cuenta me di que era una estampa, como aquellas que a los niños católicos, en las iglesias solían dar
Y en esa estampa a Jesús de Nazaret, rodeado de regordetes querubines yo veía, y no obstante doliente era su faz, solo es una acuarela, una estampa, creo reanimado debí decirme

 

Jesús el Ungido se revela

2.-mientras que el celeste éter abstraído  contemplaba, lentamente la imagen se iba acrecentando, como se iba trastocando o trasfigurando, de la doliente imagen de Jesús de Nazaret, toda huella de su lacerante suplicio se iba desvaneciendo, la imagen iba adquiriendo vida, cautivante vida, hasta que, sonriente a Jesús Espiritual, a Él, viéndome con asombro yo lo veía

Habiéndolo reconocido
Frente a mí y de súbito, una luz broto, y que, cegador fue su destello, tan cercano a mi broto, que de mí, presto un sutil ahogo emergió
Y al instante
A Jesús espiritual volví a ver

Cautivante a mí, Jesús se manifestaba
A metro y medio de distancia
Ceñido por una bella luz a Jesús yo veía

Sin espinas, sin ninguna huella del lacerante suplicio, con que la insensible humanidad, aun le recuerda
Dorados y lacios sus cabellos eran
Y de agraciado blanco, celeste y amarillo, su vestimenta era

 

3.- mientras que aquieto, confuso y sin nada por hacer o decir, abstraído lo veía y El, así viéndome, festiva sonrisa esbozo, y ello, sonrojo me causo, presto su proceder enmendó y con afabilidad sonrió, aplacando así mi infantil turbación
Luego de ello
Aunque hablarme Jesús quiso

De súbito
Y como si de lo infinito, silencioso rumor proviniese, hizo que hacia mi izquierda el mirar tornase, luego de un fugaz y tenue destello, y al instante, una blanca luz emergió
Y de inmediato
Hacia el lado en que Jesús estaba y me veía, presto el mirar volví y vi que, ante el desconcierto, el enfado de Jesús y la confusión mía, la blanca y bella luz, pasó sobre Jesús y lo cubrió, totalmente

 

Develamiento
El Paso hacia el Reino de Dios

4.- en ese instante, solo y sin nada comprender, aquieto y abrazado a una subyugante ansiedad, del centro del prodigioso fulgor que, frente a mí, como una aquieta y brillante lámina se alzaba, lento se abrió un círculo, un Paso circular
Seguido
Aquieto y con el corazón palpitante, desde un humilde erial tacneño y en el amanecer de mis días, y a través del Paso ya abierto, a Jesús Ungido yo volvía a ver

De cierto
Sin dejar que la desmedida emoción, me domine, me prive de lo objetivo, tanto como veía a Jesús, observándome pensativo y en silencio, como veía que estaba a aprox., 2 metros detrás del paso abierto, de cuyo interior veía salir y difundirse hacia la tierra, hacia donde aquieto yo estaba, una bella y multicolor luz
Como también veía que, a Jesús, la cegadora luz o aura que instantes antes lo ciño, ya no lo ceñía, entonces avizor intuí que, a Él, lo veía en su mundo

 

Tres agraciados niños

5.- en esos sublimes instantes

Confuso a un niño vi pasar delante de Jesús, corriendo alegre, ese instante el niño hacia mi lado, tornó su agraciada faz y por un segundo, se aquieto y se quedo, mirándome
Y de inmediato
A dos niños que detrás del él, venían corriendo y jugando, señalándome, con grande alegría les dijo… Miren es Eduardo

Los dos niños
Que a la voz del primero, oídos le dieron, prestos hacia mi lado, tornaron su agraciada faz, luego viéndome que también yo, viéndoles estaba
Retozones y con encanto
A coro exclamaron… Si, si es Eduardo
Luego
Como si me conociesen
Ellos todos, tres agraciados y bulliciosos niños, agitando sus brazos y con desbordante alegría, me dijeron a coro… Hola, hola Eduardo

 

6.- viendo y oyendo su agraciada faz, su infantil alegría y su delicada voz, raudo una embarazosa confusión hizo de mí, su presa, pues no intuía como aquellos niños podían conocerme, sonrojado no supe que decir o hacer, Jesús quien atento me veía, mi sonrojo no le fue de su agrado, que de sosegado a irritado, su faz torno
Y no obstante así viéndole verme, sonrojado me cubrí y baje el rostro, de lo profundo de mi, presto un grato aliento ascendió e intuí, decirme… Eduardo son Ángeles, con timidez entonces volví a levantar el rostro, mas los tres niños de agraciada faz, de lacios y áureos cabellos, se habían ya ausentados

Luego de ello
Aunque con grato alivio, vi que hacia mí, ya bondadoso en su mirar Jesús era, también ruborizado advertía que, viéndome con sumo detenimiento, veía que sobre la tibia tierra tacneña, desnudos mis pies estaban y mis lacios y negros cabellos, sobre mis ojos desordenados caían, también grato supe que, El, sabía que yo, lo quería y lo reconocía como, Mandato de Dios

 

7.- en ese instante
Un Ángel se acercó a Jesús, joven y de agraciada faz erase, más yo que a ambos con sumo esmero los observaba, tanto como vía que a Jesús con atención le oía, como veía que, hacia mí, el mirar tornaba y con exhaustivo empeño, me iba tasando
Y como Jesús estaba a dos metros del Paso y yo a metro y medio, y no obstante ingenuo fuese, también curioso y muy observador era, y como su dialogo no llegaba a mis oídos y saber, que, de mí, Jesús le decía yo quería, tanto como ojos y oídos afinaba, como con grande curiosidad y de a poquito, hacia el Paso abierto avanzar quise, con un severo mirar el Ángel, aquieto mis infantiles ansias

 

El adiós de Jesús

8.- luego de unos instantes, viéndome con afecto, Jesús al Ángel le hablo y El, sosegado lo escucho, luego, levanto un brazo y con un efusivo gesto de adiós, junto al Ángel de mí Jesús se despidió, entonces el Pasoso cerró, desvaneciéndose la nívea emisión

Seguidamente
Y ya solo, en tanto aquieto y en silencio, veía la campiña tacneña, de nuevo, de la nada y de súbito, volví a ver emerger el prodigioso y cegador fulgor, y de allí, a dos Ángeles vi salir y de inmediato, cercados por una luz o aura, a mi encuentro venir
Y como a regular distancia, emergió el bello fulgor, aquieto y lleno de ansiedad, espere a los dos Seres espirituales, más de súbito, veo que ambos se detienen y con exhaustivo esmero me observan, entonces ¿Por qué?, se detienen ¿Por qué?, me miran con tanto asombro, confuso, anonadado me inquiría

Aunque así viéndolos verme, confuso y con sonrojo me decía… ¿Por qué?, solo se dedican a ver con tanto esmero, mi pueblerino aspecto, mi cándido semblante, luego a dialogar con tanto asombro, de cierto… con la faz encendida y el corazón acelerado, sentía que su dialogo a mis infantiles llegaba, intuí, supe que Ellos no se detuvieron por desdén, solo quisieron conocerme, entonces sumiso y en silencio, me limite a verlos
Luego de un ratito
Junto a la bella y cegadora luz, los dos Seres espirituales se fueron, volviendo a quedarme solito, en un descampado que entre mi hogar y mi huerto distaba

 

El jardín del Edén

9.- y de inmediato
Y sin intuir a que voluntad obedecía, ni cual su propósito, con presteza y grande alborozo reingrese a mi fértil huerto, aunque a plenitud el otoño se evidenciaba, aunque solo frutales saqueados y desnudos los había, doquier mirando y corriendo, expectante yo iba

Y como nada inusual veía
Me detengo y me inquiero… ¿Qué?, entonces con grande asombro veo que, a una parrita de uvas, le empezaron a brotar sus ramas y simientes, luego con fascinante rapidez irse extendiendo por todo mi huerto, más al levantar la vista, maravillado veo que, a la distancia, en un bello y bien delineado viñedo mi huerto ya tornado, sus bellos racimos me ofrecía
Pero al levantar el mirar, hacia donde solo había ciruelos, con fascinante velocidad y muy a la distancia, extasiado a otros árboles frutales veía irse multiplicando, exhibiéndose todos, grandes, bellos y de seductores frutos rebosantes

 

10.- y como todo niño, quien, solo impelido por el deseo de ser feliz, alegre se impulsa sobre todo lo que le parece, agradable y regocijo le dispensara, igualmente doquier iba y doquier el mirar volvía, donde solo hubo pequeños cultivos y saqueados frutales, por la Gracia de Dios y con la exquisitez de mil fragancias, en ese instante, prodigioso y divino atavió mi pequeño huerto obtento
Seguido
Y sin saber que fruto coger, y con grande extasió, entreveía el horizonte, y este, cual jardín de maravilla ostentado, ni aun a la lejanía sombra alguna insinuaba, y en él, cual un travieso niño, doquier corre y se alborota
Aunque cuan igual yo, correr y extasiarme quise, de alborozo mi corazón colmado, rendida ofrenda elevar quiso, en ese instante huyo de mi memoria material, toda información del hecho que, a mí, aquel día acaeció… el fin

 

 Hechos posteriores

Un día en el florecimiento
Aunque este hecho, difuso y de extendida lejanía me es, broto y ascendió a mi memoria como un bello fulgor, y ya instalado… sea ello o no cierto, os daré a saber, un día en el florecimiento… Oh, cuan agitado yo me sentí, que hacia mi huerto corriendo fui, más una vez allí arribado, nada de lo recordado he encontrado
Y cuan anonadado yo me sentí, que ajado me inquirí… ¿Qué es lo que me paso?, adonde realmente estuve, y ¿Por qué?, todo lo olvide y ahora lo recuerdo, bajo la sombra de un frondoso eucalipto, mil preguntas yo me hacia
Pues el recuerdo de algo que ya partió, que nunca más volverá, y que, en mí, ya jamás ha de morir, me empezó a oprimir el corazón, entonces ajado me decía… y ¿Por qué?, tenía que recordarlo
Meditaba y me decía… para que y ¿Por qué?, lo recordé, para quedarme en un mundo frio e hipócrita, el que, junto al andar de mis días, su torva vileza me abrazara y de sus furores embriagado, seré parte de este mundo y sus aviesos afanes. Solo así me amaran, solo así me comprenderán, solo así yo les seré digno, pues siendo todos ellos perversos, y yo su igual, me amaran y luego me destruirán, marchito me decía

Y como si la eterna piedad, de mis pueriles congojas conmovida se sintiese, así como a mi memoria el recuerdo ascendió, cuan igual se fue… huyo de mí, de mi memoria, entonces al mundo que pertenecía, a él yo volvía, a mis días junto a mi madre y mis hermanos, a mis viejos adobes yo volvía, a mis serenos y luminosos días, a mis noches de soledad y de penumbra, al lar que yo pertenecía, a él yo volvía, pues aún era pequeño y comprenderlo no podría

 

Comentarios
Todo evento espiritual que, por Edicto de Dios, sobrellevaba a muy corta edad, como no podría entenderlo, de inmediato lo olvidaba todo, y sin recordar el anterior evento, volvía a sobrellevar uno nuevo, solo por ello, cuando los tres niños me dijeron… Hola, hola Eduardo, no podía entender cómo es que me conocían, ya que no recordaba los eventos espirituales anteriores, Cielos abiertos y el Paso
Y si usted pregunta… ¿Por qué?, a Jesús no le fue permitido hablarme, le diré… en tanto la tierra anide, nunca lo he de saber, por ello, ninguna opinión verteré, y ¿Por qué?, sobre el alto éter, primero vi a Jesús crucificado, de cierto… paraqué así lo reconociese, pues sin duda Jesús de Nazaret, es diferente a Jesús espiritual, si uno es cuerpo material y el otro espiritual, o sea, ambos diferentes

Y ¿Por qué?, primero vi a Jesús ceñido por una luz o aura, luego y a través del Paso abierto, sin que ninguna luz o aura lo ciña, porque primero lo vi por Revelación y luego por Develamiento, intuyo, creo que la luz o aura que lo ceñía, lo aislaba de la atmosfera terrenal, y si después y a través del Paso, vi que ninguna luz lo ceñía, es porque a Jesús lo veía en su mundo y como es hoy, realmente.

Y si después de ver a Jesús Ungido, y El, despedirse de mí, y yo de Él, volví a ver a dos Ángeles, y si ellos, solo se limitaron a observarme y a dialogar, de cierto… porque ellos solo quisieron ver a quien Dios el Altísimo, dándole la Gracia espiritual, le develo el Paso que enlaza universos
Exaltación
Es un prodigioso y bello evento espiritual, que en el alba de mis días a mi acaeció, y hoy convencido, sé que solo retribuiré la confianza que Dios deposito en mí, con honestidad a los hombres todos, les doy, les dejo mi testimonio… Eduardo