Dos tarascas

Prefacio
Habíase y ido el día y el bruno lapso, que a todo mortal amortaja y al reparador sueño convida, sobre tacneños colindes ya enseñoreado, mas yo, después de pausar mis evocaciones y escritos, con concino paso hacia mi alcoba me oriento.
Luego de apagar la luz de mi alcoba, todo manso al sueño me entrego, el sueño que apuritos tenia, fulminante me abate, más… ¿Cuánto tiempo paso?, aunque no lo puedo precisar, recuerdo que de súbito, despierto y con estupor profundo a dos umbrías criaturas veo, quienes, mirando guasones estaban

 

Es mi testimonio
1.- ciudad de Tacna, siendo las 12 Pm o más, no obstante con reposado animo me despierto, con grande estupor cuenta me di que no estaba solo, pues a dos umbrosas figuras, quienes cual dos negras lumbreras de turbador mirar, viéndoles veía que a los pies de mi cama, todos guasones ellos, fisgoneándome estaban
Ciertamente
Como a quien algo inusual lo despierta, y una vez despierto, por entre el silencio y la penumbra viéndose, con cuerpo laxo su rededor otea, luego con aterrado ojo ve a dos negros diablos, contemplándolo con guasón animo

 

2.- cierto… Oh, cuan triste me decir, la penosa situación en que me vi que, aunque por entre los retiros del antro aborrecido yo me viese, ello creo que no me seria mas aborrecible, ni menos desconcertante, desencajado pues intuí que aquellos dos negros tarascas, de ratito me estaban fisgoneando que… Ah, felones, creo haberme dicho

 

3.- en esos instantes
Mientras que entre lo umbrío de la noche aquieta, con estupor veía su oscura silueta y sus ojos, cual dos negras lumberas, horridos fulgían, como en su bufón talante, su diabólico mirar y sus muecas, me advertían de sus retorcidas intenciones, con anticipo guasones parecían disfrutar

 

4.- ciertamente
Y de inmediato, desde los pies de mi cama y cual dos montaraces fieras, se abalanzaron sobre mí, tanto como sentí el peso de su cuerpo y la enojosa sacudida, que gesta el negro efluvio que su cuerpo ciñe, como su rencoroso afán, ultimarme o enloquecerme
En esos instantes
Mientras que… congelarme el corazón o chiflarme de miedo, con satánica avidez aquellos dos fieros tarascas pretendían, de súbito y sin saber… ¿Cómo?, con impetuoso ánimo de mis abrigadores mantas me libero.
Y de inmediato
Eufórico de bríos y a golpe de puños y piernas, conforme se me abalanzaban, conforme hacia atrás con fogoso ímpetu los iba arrojando, ciertamente que osado, que intrépido yo me sentía que, entusiasta y a gran voz, les iba diciendo… ¡Fuera de aquí demonios!, que para ni, no existen

 

5.- cuando en infernal pelea, cuan entusiasta yo me sentía y a un diablo, por el cogote cogido lo tenía, embrollado vi que al lado de mi cama, otra cama había y desde allí, con la y los ojos bien abiertos, un individuo la infernal batahola asustado veía, con grande contento le grité… ¡Solo es una fea visión!, no te dejes vencer por el miedo, solo se están forjando en tu, imaginación

Ese instante
Y para mi desilusión, pues ganas de pleito tenia, raudos y por entre lo umbrío, humillados y vencidos los dos negros diablos, de mi alcoba y de vista se escabulleron, luego de meditar sobre lo ocurrido, encendí la luz y al sueño me entregué… el fin

 

Comentarios

Aunque por aquellos días, aun no tenía el cabal concepto de lo que significa, ser de cuerpo espiritual y material, tenía la cabal idea de que, los seres que el hombre teme y demonios llama, temen la luz porque son propios de lo eterno oscuro. Ciertamente desde aquella vez, antes de entregarme al sueño, previsor dejaba encendida la luz de mi dormitorio
Os digo
No se haga el hombre de temores, ciertamente los llamados demonios, solo pueden evidenciarse real y efectivos a quien, por Mandato de Dios, de nacimiento su cuerpo da aposento al cuerpo de un Ángel o Ser espiritual, mas ¿Qué propósito animo?, a quienes me acosan desde mis infantiles días, obvio, solo ultimándome o chiflándome, podrían quebrantar la Voluntad de Dios… Eduardo