Celestiales horizontes

Prefacio
Ciudad de Tacna
Oh, por cuan dichoso me tendría, si pudiese expresarme como se expresan los Augustos seres, que moran en el Reino del esplendor eterno, o como los iluminados y santos profetas, excelsos varones todos ellos, que en feliz hora la tierra ha parido.
Ciertamente
Si hacia el tul del cielo, pudiese yo elevarme y desde allí, contemplando la vasta tierra y haciendo gala de sublime inspiración… Oh, cuan gozoso, os hablaría de unos confines que jamás mortal alguno vio, por ello y de ello, jamás hablaros podría
Celestiales horizontes
Fue aquello… ¿Solo sueños o algo más?, cierto, mientras la tierra anide, creo que nunca lo he de saber, mas ellos emergieron y se fueron extendiendo en mis horas de hondo sosiego, desde el amanecer hasta el ocaso de mis días, ciertamente con el corazón alegre y luz en el mirar, de ello con palabra cierta, os daré a saber

 

 Es mi testimonio
1.-un día de tantos… vencido el bello lapso y al reparador sueño ya entregado, una vez más me volvía a ver en un mundo, que es diferente y a la vez semejante a la tierra, por lo mismo, también a mi terruño, y en él, a mis tiempos idos ya tornado, hora por celestiales confines, hora por níveas y placidas vías, cual errante peregrino yo me veía
En aquellos mis sueños, cierto el dulce aspecto de la tierra mía iba conmigo, pues doquier iba y doquier el mirar volvía, en toda mansión o morada, a la vera de primorosos senderitos unas, por amplias y extensas calzadas otras, me iba yo encaminando, le iba recordando  a mi gentil al alma su terruño, sus cenicientas casitas de adobes que por entre floridos callejones y polvosas pampas se extendían

 

2.- ciertamente
Deleito se tanto la vista mía, con aquellos horizontes, calzadas y callejas, parecidas bellas florecías todas ataviadas para el altar, haciendo sonreír al Cielo bienandante, extasiara a toda alma soñadora. Cierto por cuan deleitosos semblantes que de cierto, ningún juglar jamás cantar podría, ni eximio orfebre exista que en piedras preciosas, su agraciado contorno labrar pudiese, errante anduve y si ello, recordándome la tierra mía, me alegro o me entristeció el corazón, deciros no podría

 

3.- mas y sin aun intuir, como en tal valle o paraje, me veía y que quería, una oculta obsesión  iba conmigo, y esta, animándome, con tenaz porfía, doquier iba y doquier volvía,  mi viejo hogar de adobes encontrar quería
Ciertamente
Cuando por un recodo o paraje, cercano a mi hogar me creía, desolado veía que solo daba hacia otro recodo o paraje, para salir a otro, de allí a otro y otro, con desespero unas, con tristeza otras, yo me decía… Aunque fulgidas o níveas sean mis rondas, si no encuentro lo que busco, mi peregrinar será eterno

Entonces me sobrevenía la desesperanza, la nostalgia y esta, conforme mi andar proseguía, con fervor le iba transfiriendo a mi sensitiva naturaleza, su dulce y embriagador bálsamo, evocaba entonces, los floridos y polvorientos rincones de mi tierra.
Así y como liado a mi ausente lar de adobes, desde el amanecer hasta el crepúsculo de mis días, la soledad y la añoranza le hacían fiel compañía a mi infinito andar

 

4.- ciertamente
Y si por alguna ley o Divino mandato, no se me privo el deseo de invocar la protección del Cielo bienandante, que desde el Empíreo Solio, solía descender y con bondad, aplacaba mis infantiles aflicciones, dándole a mi atribulada razón, paz y olvido
En mi sueño
Viéndome por entre la nívea quietud de solitaria calzada, hacia lo alto mis húmedos ojos levante y con agobio, musite… Mi Señor, eterno será mi andar si no encuentro, lo que con porfía busco

Y de inmediato
Me senté en el suelo y dije
Usted sabrá… lo que hace conmigo
Seguido
Cruzándome de brazos, agregue… ¡Porque de aquí!, yo no me muevo

 

5,- en mi sueño
A lo así dicho, al instante me vi en mi hogar, así viéndome, presto un delicioso rubor mi faz cubrió, cuando sobre el limpio piso de mi alcoba, dos bellos trazos, uno blanco y el otro celeste, pintados vi.
Seguido
Aun sin comprender su significado, feliz por la Gracia a mí, concedido, un ardiente deseo tuve, con infantil candor a mi Señor, adorarle quise

Y de inmediato
Viendo los dos bellos trazos, con el corazón alegre y luz en el mirar, el color celeste escogí y sobre él, doble mis rodillas y con sumisión, junte mis manos y ore
Pero la Oración del Padre Nuestro
Concluir no pude
Pues tiempito atrás, siglos me pareció, al olvido lo había echado

 

6.- Ay, de mí, y de lo que mi buena madre, de niño me había enseñado, pues el Padre Nuestro no recordé, que, sonrojado yo me dije… Cierto, duro es mi corazón e ingrata mi consciencia, ese instante, cuan apenado me sentí que, hacia lo alto mis ojos volví a levantar y con la faz encendida, humilde musite… Perdóname mi Señor
Seguido
Le sonreí y con  alegre voz, volví a decir… Recordare lo olvidado
Y al instante, Salí de aquel tan bello sueño, y entre mantas me encontré… el fin

 

 Comentarios

Celestiales horizontes… sueños que brotaron y se fueron extendiendo, siempre igual en su imagen, desde el amanecer hasta el ocaso de mis días, y en ellos, aunque nunca pude verme a mí mismo, siento que mi edad era de aprox., 12 años, aunque aquellos bellos confines, evocándome mi terruño y por ende, mi viejos hogar de adobes, sin descanso los recorrí, nunca encontré, lo que con porfía busque

Ciertamente… si no recordé la oración del Padre Nuestro, que el Divino Maestro nos enseño, fue porque nunca he sido afecto a lo religioso, sueños o algo mas, y si tampoco encontré lo que buscaba, creo que lo fue porque allí no existe, no obstante el universo espiritual se asemeje al material, es otra realidad

Celestiales confines, bellos sueños que en año 2014 o más, llegaron a su fin, cuanto por una solitaria calzada me veía, eleve mis húmedos ojos y con voz lastimera, clame… Mi Señor si aquí no existe lo que busco, eterno y vano será mi andar
Ciertamente desde aquella vez, aquellos bellos sueños, no volvieron a brotar en mis hondas horas de sosiego, y que hoy, me arrepiento de mi lastimera queja, no obstante fuesen solo sueños, realmente fueron tan encantadores, mas si en ellos, pensaba y decidía con absoluta libertad… Eduardo