Asedio
Prefacio
Desde los días de mi infancia, muchos me trataron como a un tardo, nacido solo para la ignominia y el jolgorio ajeno, aun así, nunca me he sentido un paria, ni me afligía su torpe insinuación, ni me desmoralizaba el asolapado hostigo de los inicuos, simplemente me apartaba de ellos
No tenía amigos y nadie en mí, jamás confianza tuvo, aun así, mis años y días serenos y distanciados de ellos, su rumbo corrió, pues debí decirme, si no les soy, ni le seré digno a nadie, nadie a mi digno lo será, si así son todos conmigo, así también yo les seré
Año 2010
Aquel año, cuan funestos mis días y pienses eran, pues cual un solitario paria, abatido yo me decía… ¡Infaustos los rumbos!, los que, para mí, el cruel hado trazó, tanto que, en la cara de todos, macilento inicuos veía, quienes vigilándome asolapados ellos todos, hasta el fin de mis días lo estarían.
La impotencia y el desánimo germino en mí, y este, ciñéndome con saña, me trasfería el turbador recelo que engendra, el no tener en quien confiar, el no saber quién me vigila y quien, contra mí, confabula con artero animo, pensaba y me decía… mientras sumiso yo les siga siendo, aciagos mis sucesivos días lo serán
Y si a vosotros pasajeros en este mundo, ajado y rollizo en penas, tristón viejos tiempos evoco y el año 1958 cito, y de extintos panoramas os hablo, es porque en uno de aquellos inmolados horizontes, en un sueño caminante yo me veía
Os digo
Al norte de la ciudad de Tacna, se alza el reseco y polvoso cerró Intiorko, paralelo y cuasi apegado, discurre el rio Caplina, y por el sur, el reseco y polvoso cerró Arunta, igualmente cercano y paralelo, las canalizadas aguas del rio Uchusuma
Y por entre ambos cerros, resecas y pedregosas pampas, florecientes labrantíos, viejos solares y chozas de adobe, retorcidos y arbolados callejones, idílicos la ciudad de Tacna y el valle del Caplina, se iba extendiendo
Y si usted cual entusiasta peregrino, se anima a visitar aquel confín, que Dios escogió y al más humilde de sus hijos, develándole lo eterno oculto le confió sus secretos, todo desilusión seréis, pues nada de ello ya quedo
La mezquina estima que a su terruño y sus tradiciones, sus hijos le tuvieron, dicto su ley y bajo su imperio, ellos y los otros de las misérrimas punas, bajados y arrimados cual maligna plaga, no dejaron adobe sobre adobe, ni pampa, ni callejón o rincón por arrasar
Y si de extintas extensiones, con agridulce melancolía os hablo, es porque en mis horas de hondo sueño, de sus cenizas y cual ave Fenix, se alza y su otrora pueblerino esplendor exhibe. Si en mi sueño, por una pampa que a le vera del rio Uchusuma se extendía, de naciente a poniente en camino yo iba, mas si me aparte del canalizado rio, ciertamente es porque virando a mi izquierda y franqueando un arbolado callejón, saldría hacia otra pampa y luego de recorrerla, a mi hogar llegaría
Es mi testimonio
1.-ciudad de Lima, año 2010, sueño que, al arraigarse a mis adormidas horas, me abrió el entendimiento y me dio a saber que Dios, mi clamor también escuchaba, mas en aquel revelador sueño, me vi joven, creo 20 años, asimismo el panorama que ante mis ojos se extendía, era propio de aquellos mi ya fenecidos tiempos.
2.- Por una pampa que a la vera del rio Uchusuma se extendía, apacible y sin prisa mi andar era, en esos instantes, un hato de toros de bravía estampa, que a gran distancia y ajenos a mí solitario andar, reposaban en el corral de una granja
Luego de verlos con indiferencia, me desvió hacia mi derecha e ingreso a un callejón, con la intención de pasarlo, luego de recorrer una pampa llegar a mi hogar, con grande asombro vi que la reseca pampa, en un extenso y verde llano trocado estaba, entonces me detengo y un instante, con embeleso contemplo el paradisiaco horizonte que ante mis ojos se extendía
Luego de ello, por un extenso caminito bordeado de bellas florecías, con el corazón alegre mi andar reemprendo, más el temor me abraza cuando vi que a mi izquierda y a la distancia, por entre el sereno verdor de la idílica pampa, reposaba otro gran hato de bravíos toros
3.- aunque al verme pasar, avizores y desazonados, los enormes toros su recia testa alzaron, aun así y a la distancia viéndolos verme, fingiendo ignorarlos, mi ya cauteloso andar prosigo
Y no obstante, viéndome pasar con osadía, enfurecidos se levantaron, dándome así a ver y saber de su imponente figura, su aguda cornamenta y su biliosa disposición, con osadía mí prosigo, entonces, bufando embravecidos, hacia mí y en horrísona estampida, los recios toros se precipitaron
4.-viéndolos precipitarse hacia mí, en descomunal espantada, macilento mi andar detengo y a la carrera, retorno al angosto y arbolado callejón, convencido que si lo franqueaba y luego, vadeaba el canalizado rio Uchusuma, evitaría la atroz embestida
Y corrí y corrí
Pero cuando llego a la mitad del angosto callejón, mi esforzado correr detengo y como alucinado, veo a los recios toros que, momentos antes los vi reposando en el corral de una granja, bufando fieros y en atroz estampida, ingresaban por otra boca del apretado callejón
5.- os digo, viendo a los embravecidos toros, aproximándoseme por ambos lados del arbolado y angosto callejón, trate de atravesar su maleza y presto, salir de tan funesto lugar, más a pesar de mis denodados esfuerzos, no logre atravesarla
Como aquel mi sueño, ambos lados del callejón se evidenciaron como dos infranqueables muros, macilento y ya detenido veía a los ingentes y recios toros, acensándoseme en apretada embestida
Cuan triste me es decir, la situación en que yo me veía, a cuyo solo evocar su aterrador ímpetu y el fuego de sus enrojecidos ojos, ciertamente los ojos del demonio no me parecerán tan horrorosos
Ambos lados veía, el cielo veía, entre el polvo y resonar de recios cascos, bullía alterador el angosto y arbolado callejón
Su embravecido bramar oía, su fiera cornamenta veía
Ay, bilioso flagelo
Negras entrañas que aposenta impía crueldad, que con furor tremendo, pretende acabar con el que, con su ausente andar, azota su torva consciencia, opulento en viles afanes
6.- viéndome en tan desesperada situación, hacia lo alto levante el mirar y con grande aflicción, de mi Señor su amparo clame, mas al no obtener respuesta y ver a los embravecidos toros, mas y mas cercanos a mí, supe que solo elevándome saldría de tan penosa situación
De tal manera se afligió mi alma, que lloroso volví a clamar… Oh, mi Señor, si sabes que mi clamor es de justicia, acede a ello pues solo a mí hogar, llegar quiero
7.-viendo con aterrado ojo, sus aguzadas cornamentas, sus fieros resoplidos y el atronar de sus recios cascos, a cuyas atronadoras fierezas, cual bramidos sinfín se revolcaban por entre el polvo de aquel tenebroso callejón, con fe levante los brazos y haciendo grande esfuerzo, hacia el alto éter me eleve
Os digo
Si horrido fue el entrechocar de aguzadas cornamentas, si por entre remolinos de polvo, gemidos oyese, deciros no puedo
Cual ave enaltecido y de aquel flagelo ya librado, presto me aleje de aquel funesto lugar, cierto tan entusiasta volador yo me sentía, tan fascinante me pareció el paradisiaco horizonte que, de mi Señor y mi promesa, me olvide y a casa ir yo no quise.
8.-más… Ay, de mí y de mi obsesionado deleite, pues de súbito, un elevado acueducto emergió, en el caí y una vez allí, empecé a deslizarme, pues de resbaladizo musgo el elevado canal, cubierto estaba.
Mas en tanto me deslizaba o resbalaba, con espeluzno vi como el agua, caía hacia un profundo abismo, cuan horripilo, cuan bullidor erase que, ciertamente mirar alguno su fondo jamás ver podría.
En esos cuan duros instantes, en tanto raudamente me deslizaba hacia el profundo abismo, con acucioso ojo doquier miraba, supe que volvía a verme en la misma situación anterior, entonces el miedo oprimiéndome el corazón, con suma crueldad delineo en mi lívida faz, su horrenda careta
Supe entonces que no hay dolor más cruel, que en la desgracia, acordarse de la hora feliz en que a todo clamor, el Cielo escucha y complacencia le procura, al olvido el ingrato lo echa
9.- cierto y que arrepentido, de mis fatuos afanes yo me sentí, que avergonzado y con palabra cierta, volví a clamar… Oh, mi Señor, una vez más accede a mi clamor, que esta vez sí iré a casa, aun resbalando y resbalado, con tesón logre erguirme y con fe, extendí mis brazos y al alto cielo, volví a elevarme
10.- ya y desde el alto cielo, vi que al final del paradisiaco llano, otro limpio y asoleado llano se extendía, hacia allí yo me dirigí, más al descender, de una cercana casita salió un aldeano y sacándose el sombrero, con afectuosa voz me dijo… Eduardo como llegaste hasta aquí, más recordando a mi Señor, grato le sonreí, en ese instante Salí de tan revelador sueño… el fin
Comentarios
Aquel bello sueño abriéndome el entendimiento, cambio mi vida, me devolvió la fe y la extraviada alegría, sueño que me enseño a no sentir vergüenza de mi mismo, sueño que me dio a saber que Dios, no se olvido de mi, desde aquella vez pues empecé a abrigar la humilde ilusión, que también a mí, me escuchaba y a mi clamor accedía, cuando mi clamor era de justicia
Oh, pueblo Mío, de cetrina piel he hirsutos cabellos, me pregunto, con que aliento brotasteis, si antes que a tu pecho el vello aflore, ya un pútrido aliento tus entrañas duras entenébrese
Quien exhalando pútrido aliento, a toda alma que ha sido creada, para inspirar y dar santificado amor, incitado por el maligno placer que las penas ajenas a los inicuos procura
Irreflexivo te abalanzas sobre todo sumiso peregrino, que en funesta hora por tus colindes, caminantes es, bullendo tu ofídica lengua, con el corazón alegre te entregas al maligno placer de hacerle vivir, los infortunios del infierno. Eduardo